“Ámense los unos a los otros como yo los he amado.”
A veces creemos que ayudar a alguien significa hacer grandes cosas. Pero muchas veces comienza con algo tan sencillo como mirar, escuchar o acompañar y darnos cuenta de que el otro necesita de nosotros.
Eso es empatía: intentar comprender cómo se siente otra persona, aunque no estemos viviendo exactamente lo mismo.
Pero la empatía no solamente nos ayuda a comprender a las personas. También nos ayuda a construir algo muy bonito: la amistad.
(Juan 15,15), cuando Jesús dice a sus discípulos: “Ya no los llamo servidores… los llamo amigos.”
¿Qué hace que una persona sea un buen amigo?
Ser amigo no significa estar siempre de acuerdo; significa no abandonar al otro cuando más necesita compañía. Y cuando somos capaces de mirar al otro, comprenderlo y quererlo, aparece una pregunta importante: ¿qué puedo hacer por él?
Eso es servicio: El servicio también significa utilizar nuestras capacidades para que la vida de otra persona sea un poco mejor.
“Jesús, siendo el Maestro, se puso al servicio de los demás. Nos mostró que servir no nos hace menos importantes. Al contrario, nos hace más parecidos a Él.”
Ahora piensa: ¿qué podría hacer yo por esa persona?
Tal vez sea acercarte. Tal vez sea escuchar.
Tal vez sea pedir perdón. Tal vez sea incluir a alguien en tu grupo. Tal vez sea
ayudar. Tal vez sea simplemente preguntarle: ‘¿Cómo estás?’
“La empatía nos enseña a mirar al otro.
La amistad nos enseña a caminar con el otro.
Y el servicio nos enseña a hacer algo por el otro.”
Si cada uno de nosotros hiciera hoy una pequeña acción para que otra persona se sintiera escuchada, acompañada, respetada o ayudada, nuestro colegio sería diferente.
Porque quizá nunca sepamos cuánto puede significar para alguien un pequeño gesto nuestro. A veces, para nosotros es solo un minuto de nuestro día; para otra persona puede convertirse en un motivo para seguir adelante.